sábado, 6 de junio de 2009

Editorial / Revista Nº II




“¿La historia se repite?- ¿o se repite sólo como penitencia de quienes son incapaces de escucharla? No hay historia muda. El tiempo que fue sigue latiendo, vivo, dentro del tiempo que es, aunque el tiempo que es no lo quiera o no lo sepa. Cuando esta de veras viva, la memoria no contempla la historia, sino que invita a hacerla”.
Eduardo Galeano


Octubre comenzó en Resistencia con la presencia de una de las históricas luchas, el reclamo de los pueblos indígenas. A principios de mes llegaron a la Plaza 25 de Mayo una importante columna de hermanos aborígenes de diferentes etnias, acampando durante días en el centro de la ciudad. Muchas voces escuchamos al respecto, “a estos los trae ‘fulano’ para hacer una campaña contra del gobierno” -“vienen a festejar el día de la diversidad cultural”, etc.


Pero la verdad es que cuando nos acercamos a ellos poco ánimo de festejo encontramos.
“no estamos aquí para recodar la diversidad cultural, porque de lo que se encargaron es de hacer desaparecer esa diversidad” “estos días son de luto para nosotros, porque somos parte de la tierra, llevamos el color de la tierra, y nuestra tierra esta enferma” comentaba un hermano Qom que intercalaba algunas pocas palabras en castellano.


Ellos gritaron un 11 y 12 de octubre, “último día de libertad de los pueblos indígenas” y “día de la diversidad cultural”. Después de acampar días en la plaza, se retiraron con nuevas promesas. Volvieron, tal vez, a sus tierras tratando de no sentirse ajenos a ellas.
Ellos volvieron, pero en nosotros ¿que sucedió? ¿Seguimos reivindicando solo la protesta o el reclamo de un sector nada más y creyendo que el resto es una pantomima? ¿Hasta que punto somos capaces de ver más allá de la puesta en escena que los medios y la opinión pública nos muestra?
Estos son algunos de los interrogantes que desde aquí nos surge.


En la revista de octubre tenemos voces comprometidas y jugadas con la realidad que cada uno vive.

Por último te recordamos que podes enviar tus comentarios, sugerencias, y también artículos para la revista a: waykhuli@gmail.com

Maneras de encender un fuego Marcelo Caparra

Inmiscusiones terruptas - 

“también nosotros soñamos sobre sangre que vendrá”

J. G.


Y pensar que yo me preocupo porque la “muerte súbita” -que mantuvo muertovivo a mi hermano Mario y preso en el infierno de Kafka, porque Kafka vive en Av. 9 de Julio al 1100- no sea congénita o hereditaria o contagiosa.

Me explico. Hasta hace un año atrás, la poesía (y la vida) de Juan Gelman -el mejor de nuestros poetas contemporáneos- me parecía un mero objeto de estudio. Y así me acercaba a él: con fichitas en la mano y con las categorías bien erectas. Ahora, sin embargo, que me ejercito en el áspero, inapelable oficio de ser papá (hace 13 meses que me ejercito y vengo perdiendo con la vida por goleada, y para colmo reincido), Gelman me interpela desde otro lugar.

Quizás a este mundo sólo se lo pueda mirar con ojos cartesianos o gelmanianos.

Ya lo sabemos: René Descartes es el filósofo que inventó la Modernidad. La Modernidad es un sueño que soñó Descartes (especialmente si resulta cierta la sospecha de M. Foucault, aquello de que el sujeto es “una invención reciente”). Puso en el centro de la agenda filosófica la inconmovible certeza en que desemboca su duda metódica, universal. Célebremente pronunciará Descartes, en su Discurso del Método, estas palabras:

Pero advertí luego que, queriendo yo pensar que todo es falso, era necesario que yo, que lo pensaba, fuese alguna cosa; y observando que esta verdad: “yo pienso, luego soy” era tan firme y segura que las más extravagantes suposiciones de los escépticos no son capaces de conmoverla, juzgué que podía recibirla sin escrúpulo como el primer principio de la filosofía que andaba buscando.”

Aunque todo trastabille, aunque la indiferencia del mundo –que es sordo y es mudo- nos atenace, ahí está, ahí estará el primer principio de la filosofía moderna: el COGITO cartesiano (imaginémoslo: es como el índice de un Dios geométrico que siempre está, como autenticando el Método y la inapelabilidad de lo real. El Cogito es la ciudadela de un Dios en miniatura). Así, la duda moderna se resuelve y desemboca en el COGITO y que el resto del mundo se anule o se afantasme, si lo desea.

En cambio, la poesía de Gelman no se funda en la duda metódica sino en el dolor.

En el 75 se exilia por las bestias de la Triple A, en el 76 otras bestias -¿otras?- secuestran y asesinan a su hijo Marcelo Ariel y a su nuera Claudia. Que estaba embarazada.

A partir de ahí, escribe en “hojitas caídas del fervor/la esperanza/la fe”. Mientras Rene Descartes enciende la estufa para acondicionar el mundo (la mente), la palabra de Gelman (el cuerpo) se asume como lenguaje calcinado. Descartes habita en su Cogito (y por eso es, a la postre, un metafísico); a Gelman, lo habita el exilio (y por eso es un poeta). Descartes es el método, Gelman, el pathos. Uno es sustancia, el otro, intemperie: “presencia ausente de lo amado”.

En el año 1995, cuando ya sabía que el nieto/a estaba viv/a, Gelman escribió una carta que publicó Página/12:

Ahora tenés casi la edad de tus padres cuando los mataron y pronto serás mayor que ellos. Ellos se quedaron en los 20 años para siempre. Soñaban mucho con vos y con un mundo más habitable para vos. Me gustaría hablarte de ellos y que me hables de vos. Para reconocer en vos a mi hijo y para que reconozcas en mí lo que de tu padre tengo: los dos somos huérfanos de él”.
Ahora que intento, a los ponchazos, ser papá, la metafísica de Rene Descartes todavía me deslumbra, pero la antropología huérfana de Juan Gelman me abre la piel. No sé, quizás siento que el dolor podría quebrarme a la mitad (y de todo eso charlábamos con el ilimitado amigo Eduardo Molina, una noche de septiembre en que bajo estrellas saenzpeñenses no paraba de rondarnos el fantasma de Sarmiento, y Eduardo, también flamante papá, me contó de “Operación Traviata”, y temimos el retorno de la canalla teoría de los Dos Demonios, que pretende “empatar” el dolor de los víctimas con el de los victimarios, y uno de nosotros dijo, ¿y qué fue la larga noche de los asesinos sino precisamente eso: un largo machetazo en la masmédula del país?.

- Quizás –dijo, bajo estrellas saenzpeñenses, uno de nosotros- a este mundo sólo se lo pueda mirar con ojos cartesianos o gelmanianos).

Y la verdad es que no sé cómo haría para escribir o respirar -como un árbol sin hojas que da sombra- a pesar de ese machetazo, contra ese machetazo. En la orfandad, siempre.
Y pensar que yo –yo egoísta: yo que tiembla-, que detesto los electrocardiogramas, me preocupaba que la muerte súbita fuera congénita o hereditaria o contagiosa

"Dado el salto" Eugenia Segura & "Encuentros" Gustavo Campos


dado el salto

cierro los ojos: aquí
jugamos todo el tiempo a ser letales
confío en los imanes que marcan
en ese mapa oscuro
los sitios donde asirse
antes del próximo salto.
escribo apenas
en la secuencia del aire
la distancia que me separa
del suelo, del miedo
de que no haya suelo,
ni miedo.

Eugenia Segura, Mendoza

Encuentros
Las sombras de mi cuerpo
los recuerdos de los que se acercaron
las ganas de mandar todo a la mierda,
y vos,
juntan mis pedazos.

La toba muere de hambre
mientras el blanco come victorias
y lloran y guardan sacrificios en lo de siempre,
un vaso

la Sierra sopla una fría burbuja llena de Sudacas,
el Che pelea contra una pantalla plagada de putas
y mientras la ciudad abandona sus fantasmas
lloro la mentira que soy
y la que seré
aunque en el espejo esquive
una curva mirada

Gustavo Campos, Resistencia

Re Z (Literaturescas)- Mario Caparra & Tony Zalazar



Sr. Director de la Revista Waykhuli:

Me importa un pito que la poesía exhiba una retórica cosmética o un packaging cuaternario; sinestesias inflamables o pasadas por agua. Le doy una importancia igual a cero al hecho de que amanezca untada en vaselina o con mermelada diet. Soy perfectamente capaz de soportarle una comparación que obtendría el primer puesto en un concurso de la SADE. Pero eso sí –y en esto soy irreductible- no le perdono, bajo ningún pretexto, que no sepa violar. Si no sabe violar ¡pierde el tiempo la que pretenda seducirme!

Ésta fue –y no otra- la razón de que me enamorase tan locamente de Oliverio.

¿Qué me importaban sus apotegmas de vizcacha o europeados neologismos? ¿Qué me importaban su obstinación aerodinámica y su bucólica de cabotaje?

¡Oliverio era una verdadera lacra! Su única actitud de cortesía, consistía en levantar una pollera.
Desde el amanecer violaba, desde Darío a Lugones. Ruborizado de no poder ruborizarse, violaba el romanticismo, el modernismo, las costumbres. Violando realizaba sus compras, sus quehaceres. Violando engendraba Orozcos, Pellegrinis y Molinas. ¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, violándose, de algún paseo con sus predadores!

Allá lejos, perdido entre los vírgenes, un poeta sulfuroso. ¡Oliverio, Oliverio!... y a los segundos ya los tenía en su cuarto, y ante la mirada de terceros, los penetraba con hipérboles fruisivas e imprecaciones lujuriosas, para después mandarlos, violados a cualquier arte.
Durante páginas de gentileza genitaba un atropello que nos agolpaba el clémiso; durante obras enteras nos violentaba las costumbres, los pruritos y los llantos.

Mi lu, mi lubidulio, mi golocidalove. ¡Qué delicia la cocinar un poeta polimorfo aunque, de cuando en cuando, nos haga ver como lumías! ¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre los ebrios lechos légamos telúricos para pasar la digestión de un solo vuelo!

¿Puede brindarnos alguna clase de atractivos un soneto de Lope después de cocinar a un escritor violante? ¿No es verdad que no hay ninguna diferencia sustancial entre coger todos los viernes con tu esposa y leerte alguna copla dominguera?

Yo, por lo menos, Sr. Director, soy incapaz de comprender la seducción de un manjar que no emponzoña, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que se pueda imaginar más que violando.

Por todo lo expuesto, hago llegar a Ud. esta humilde y formal renuncia a este prestigioso espacio gastronómico. Le ruego sepa disculpar.

Mario Caparra

Girondo a la Zalazar
o 20 poemas para ser comidos en el tranvía.


Ingredientes: ½ eyaculación de levadura vasca, una docena de dientitos leoninos, 1 cerebro cosmopolita con 8 neuronas de vanguardia europea, abundantes y caras caricias, 20 litros de vías de tranvías, ¼ lomo de hipopótamo, barbas de espantapájaros a gusto, 200 metros de lengua laaarga y enrevesada, ingentes curuvicas de europa de posguerra, vientricinco hojitas de jitanjáfora y cuatrece odoríferas imágenes de exportación, dos ojos desorbitados en aceite onírico, con condimentos de rojo erotismo y picante humor.


Comience por verter divertidamente ½ eyaculación vasca en una cratera del mismo origen, luego, como si de dados se tratase, en cubiletes que festejan el azar, agite locamente hasta ver que a la masa le broten 12 dientecitos leoninos. A la voracidad de esa boca lúdica acérquele el cerebro cosmopolita, dele las abundantes y caras caricias en la cara. Luego aléjelo del fuego porteño (es preferente macerarlo en Europa unos cuantitos años) y críelo hasta que en los ojos le brillen la alegre angustia y el deseo insaciable de volar.


Busque que el ser no le crezca tan Derecho, para esto será necesario moldearlo sobre 20 litros de vías de tranvía y agregarle las barbas de espantapájaros en el corazón. Después de que el ser le quede algo avieso debe inflamarle el pecho con la más pura antihipocresía y todos los melimeleos lúcidos que existan, hágalo hasta que estalle en chorros de sincero aceite onírico y espasmódicos condimentos. Apunte su deshinche sobre el ¼ lomo de hipopótamo y deje que su Ácido orín -que horada el oropel de los pelmazos-, incruste sus diamantes rojos en la gruesa y burguesa hamburguesa social. Coloque esa carne sobre el miasma moralina y controle su desgrase. Finalmente extienda los 200 metros de lengua enrevesada, córtela en nimios trocitos y lícuelos hasta que laman las tetas del idioma, luego intraduzca en la licuadora las hojitas de jitanjáfora y las imágenes odoríferas esenciales. Espolvoree el mejunje junto con las ingentes curuvicas de la europa posguerreada sobre la masmédula misma de la conciencia hasta ver que se cuece el más loco y original poemario de Amerrica latina.
Después, si desea, trepánele el cerebro en un accidente y disfrute su plato alunizado o alucinado.

Tony Zalazar

Adrián Niveyro: “Somos los brujos malos de la gestión”


(Por Mario Caparra) El músico Adrián “Chino” Niveyro analiza aquí los distintos modos en que la discriminación minó la anterior gestión de Cultura. Describe y denuncia los abusos, tanto económicos como sociales, que debió afrontar el Coro Chelalaapi y cómo afectaron al actual panorama de transmisión cultural.

Cuando, hace ya algunos años, conocí al Chino Niveyro, brindaba un modesto, pero intensísimo recital en la Plaza 25 de Mayo. Modesto por su carácter, libre y gratuito y por su puesta escenográfica. Intenso (lo supe años más tarde) por el misterioso, pero indubitable equilibrio de arte y de política, por el melódico assamblage de tono y contenido.

Cuando ya la gente comenzaba a amontonarse y acomodarse, el Chino decretó un intermezzo y levantó su voz en defensa de los derechos de las comunidades indígenas en general y del Coro Chelalaapi en particular. No logro recordar con la debida justeza los puntos del reclamo. Recuerdo, eso sí, la emoción desbordada, la salutación posterior y el extraño nombre de la banda: “konnangai”.

¿Qué significa Konnangai?

En verdad, la palabra exacta es Qonaxagai, que, para los qom es el brujo malo, el brujo jodido. A diferencia del piogonak, que es el brujo bueno, el chamán que te cura, el qonaxagai es el que con una hechicería te va a hacer mal. Konnangai es una adaptación a la fonética criolla.

¿Y por qué esa elección?


El tema era hacerle la contra a Marilyn Cristófani y a su gestión de cultura. Nosotros queríamos ser los brujos malos de esa gestión, queríamos desenmascarar a todos. Marilyn siempre se jactó del coro, siempre remarcaba que el Coro es un impresionante patrimonio cultural, etc, y tenía razón.

Pero el Chino nos cuenta que, en medio de ese planteo, que es correcto, se registraron numerosos abusos. Una vez que el Chino comienza a hablar de deudas inmemoriales y abusos sistemáticos, su historia se narra a sí misma.

Cuando comencé a acercarme al coro, empecé a escuchar las inquietudes del coro. No estaban conformes. El coro se encontraba inserto en la categoría de jornalero. Pero el problema surgía cuando, por ejemplo, el coro tenía que realizar algún viaje, porque antes de viajar le hacían firmar papeles en blanco.

¿Cómo? ¿Con qué objetivo?


Y, por ejemplo, si hacían un viaje de Resistencia a Formosa, le hacían firmar papeles en blanco. Ellos no sabían bien de qué se trataba, pero en esos papeles constaba el monto que supuestamente habían recibido en concepto de viáticos. Por ejemplo, cuando el coro tenía que cantar en Buenos Aires, le correspondía a cada integrante algo así como 150 pesos de viáticos.

El tema es que la mayoría de los integrantes del coro no saben leer. Entonces Nancy Taborda, les hacía firmar papeles y les decía “nosotros los completamos después” y les pagaba 30 pesos y se quedaba con la diferencia.

¿Y vos cómo te enterás?
Me entero a partir de Herminda, una de las integrantes más “criollas” del coro, cuyo marido es abogado. Por eso en la gestión de Marilyn Herminda nunca fue aceptada; porque se daba cuenta de todo. Hasta hoy creo que sigue sin contrato.

En aquella ocasión tuvimos una charla con ella y le preguntamos si sabían lo que estaban haciendo y nos comentó que se dieron cuenta cuando le daban lo 30 pesos y ellos veían que se quedaban con el resto de la guita.

¿Lo sabían todos los integrantes o sólo ella?

En principio lo descubrieron algunos, de modo absolutamente intuitivo. Esto podría haber durado décadas. Pero al enterarse algunos, pronto se fueron enterando todos los demás. Pero incluso cuando todos se dieron cuenta, ellos siguieron en silencio porque tenían miedo de que le sacaran el contrato que tenían

Además muchos de la gestión los hacían sentir discriminados de otras maneras. Por ejemplo Adriana García, cada vez que iban a subir a la Traffic les decía “No comas acá” o “No entres acá con los zapatos sucios.” Son actitudes recurrentes y claramente discriminatorias que, si te las dicen a vos, o a mí…

En este punto de la entrevista la indignación crece hasta el exabrupto. No nos parece pertinente reproducirlo aquí, pero tampoco interrumpimos la narración del Chino que prosiguió, implacable.


Lo mismo podemos decir de la Negrita Godoy. Porque ella sabía que los integrantes del Coro venían todos los días caminando, desde el barrio toba hasta el marechal. Todos los integrantes; incluida Zunilda que ya tenía cerca de setenta años. Y ellos tenían una traffic que era específicamente para llevarlos y traerlos.

La discriminación se hacía sentir, evidentemente, en varios estratos y niveles.

En ocasión de uno de los viajes, Marilyn llegó a decirle a Gregorio (Segundo, violinista del coro) que, aunque el coro viajara “vos tenés que quedarte acá porque van a venir turistas y van a querer conocer cómo es un aborigen, van a venir turistas a conocer indios.”

El Chino nos cuenta que, la marginación, económica y social que experimentaban a diario, no se limitaba al Coro, sino que se extendía a toda la comunidad indígena. Por ejemplo a quienes elaboraba las artesanías que se exponían en el Centro Cultural Leopoldo Marechal “los hacían laburar muchísimas horas para hacerlas y finalmente venderlas a 20 mangos.”


A todo este panorama le atribuye la aparentemente disuelta transmisión cultural en el seno de la comunidad indígena.

Son los mismos padres quienes no transmiten su cultura por temor. Para que no vivan lo que vivieron y aún viven muchos de ellos. Son los mismos padres los que les dicen “tenés que tratar de ser lo más criollo posible” para que no vivan lo que vivieron ellos. Y los hijos, que vieron y vivenciaron todo eso, se resisten especialmente. Entonces, los pibes conocen los instrumentos musicales, conocen su tradición cultural, pero la niegan ante el temor de que otros se rían. Y esto es fuertísimo. Es muy fuerte.

El hijo de Gregorio, que tiene 20 años, vivió todo lo que vivió al padre. Vivió cómo se lo utilizaba y entendió que para Cultura ellos son objetos, una artesanía más.

Sin embargo el Chino afirma que la transmisión cultural, en cierto modo, se encuentra vigente todavía.


Al mismo Gregorio le preguntaron en una charla si es bueno ser aborigen. Él no les dijo si es bueno o no, les dijo que él mantenía lo que le enseñaron sus padres y sus abuelos y defiende lo que el vivió. También la abuela Zunilda le enseña pacientemente sus costumbres a sus nietos.



***
Adrián Niveyro. Vocalista y primera guitarra de la banda Konnangay Pi (Los brujos malos) que en verdad es una adaptación a nuestra fonética criolla. Actualmente lidera la agrupación de folcklore latinoamericano “Ata la quimbamba” que en africano arcaico significa tocar hasta no dar más.

Último día de libertad de los pueblos indígenas- Juan Chico (Comunidad Qom)


El 10 de septiembre de 1892 por decreto del presidente Carlos Pelegrini se comienza a celebrar el 12 de octubre como “el descubrimiento de América” atendiendo a la invitación del entonces reino de España luego ratificado por Irigoyen en 1917 quien instituyo el 12 de octubre el “Día del descubrimiento” como fiesta nacional. También obedeciendo la iniciativa del gobierno español que proponía en los países hispanoamericanos la generalización del festejo del 12 como “Día de la hispanidad”. De esta manera se vino inculcando en el pueblo argentino el día de la raza y de la hispanidad. Pero esta idea resulta muy vaga a razón de la convención internacional sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial, proclamada por las asambleas de las naciones unidas el 20 de noviembre de 1963 que determina: “que toda idea o doctrina de superioridad basada en la diferenciación racial es científicamente falsa, moralmente condenable y socialmente injusta”
La utilización del termino “raza” predominante en los siglos: XVIII y XIX ha sido abandonada por algunos sectores en la actualidad, debido a su carencia de sustento cientifico ya que la biología no a podido demostrar la existencia de estructuras genéticas de raza.
Ya que para nosotros los pueblos indígenas de América nunca hubo descubrimiento. Hoy es lamentable ver como algunos sectores del estado siguen sosteniendo esa idea falsa. “Resistencia recordó el día de la raza” (titulo de Diario Norte, lunes 13 de octubre del 2008, pg.4) los pueblos indígenas venimos celebrando desde la década del 70 y hoy con más fuerza el 11 de octubre como “El último día de libertad de los pueblos indígenas” denunciando y rechazando la celebración del 12 de octubre, ya que en esa fecha comenzó el mayor genocidio de la historia de la humanidad.
Pero hoy sobrevivimos y somos miles, estamos en las montañas, en los cerros, llanuras, bosques, ríos y ciudades. Peleando por nuestra tierra. Aunque a veces esta lucha se torna difícil porque en la tierra están nuestros ritos y espiritualidad y al pedirla se pierde una parte de nosotros. Pero seguimos aunque sea difícil recuperarnos de este intento de exterminio de nuestro pueblo.
Pero también reconocemos algunos avances en la actualidad de la provincia del Chaco, como ser la incorporación en el calendario escolar de la fecha 19 de julio de 1924, que fue el “día de la masacre de Napalpí”, 11 de octubre como ultimo día de libertad de los pueblos indígenas y el 12 de octubre como “día de la diversidad cultural” lema que como indígenas no estamos de acuerdo ya que en esa fecha lo que se hizo es violar la diversidad que existía. Creemos adecuada tener un día de diversidad cultura pero no el 12 de octubre que es una fecha muy cara a nuestros sentimientos.
Lo que destacamos en estos pequeños avances es que gran parte del material enviado a las escuelas del Chaco contó con la participación atciva de los pueblos Qom, Mocoví y Wichi y esto es un hecho importante porque históricamente como mencionamos arriba, el estado argentino a través de la escuela invisibilizó y creó en el imaginario colectivo una imagen negativa y mentirosa acerca de nosotros, en otras palabras la escuela fue la herramienta efectiva del estado para negar nuestra existencia y calificándonos de herejes y salvajes.
Pero hoy creemos y sostenemos que en los pueblos indígenas hay una gran reserva moral y sobre toda espiritual que puede hacer bien a la sociedad que cada día va perdiendo sus valores a través de la globalización y el capitalismo salvaje que viene de afuera. Creo que es tiempo de volver a nuestras raíces, más del 56% de los argentinos tiene genes indígenas, ¿porque seguir sosteniendo que descendemos de los barcos? ¿Hasta cuando vamos a seguir creyendo y permitiendo que nos sigan mintiendo?.


Esa sombra (perdón por la seudo filosofía) - Mauro Cerrado


Me gusta el dinero para comprarme lo que quiero
Me gustan las visitas para matar el tiempo
Me gusta esa luz, me gusta esa sombra
Me gustan los grupos que no están de moda
Pero lo que más me gusta son las cosas que no se tocan
Por eso me gusta el rock, el rock por que yo no lo toco, lo escucho, lo trago, lo digiero


Pity Alvarez (pensador)

Ser o ser, no parodiamos a otro pensador que no conocemos; sino observamos los contextos en los cuales estamos. Escribimos con cursivas o en imprenta, zurdos o derechos. Y pensamos, volamos y vamos a una metafísica. ¡Dios ha muerto! Caemos y la realidad se nos mete por los poros, cerramos los ojos, ¡no queremos ver! Angustia perceptiva, es como la angustia ante la muerte, va parecido. Empezamos a idear cosas y las imágenes en la cabeza no paran y los oídos se estremecen y volvemos a una metafísica.
El hombre siempre tiende hacia una metafísica (Kant), “Doña ecología pateara la cabeza de tu cuerpo desecho por tanta basura consumida”. Y la realidad pasa, actuamos, ¿queremos actuar? Sobre nuestros pasos vemos nuestra sombra, la definimos, amamos y dudamos de ella. La metafísica es como una sombra, algunos pensadores nos recordaran que la sombra responde a un cuerpo, a alguien (Marx). Que no es como la sombra de Peter Pan con vida propia (Hegel), aunque a veces parezca. ¡Mierda! No se quien soy y que pasa, la sombra se burla otra vez. La quiero atrapar, doy un paso me acerco, la tengo y se escapa entre mis dedos como todas las grandes certezas a las que creo llegar. De golpe se va el sol y mi sobra se desdibuja y con la luz de la luna aparece otra sombra, pero es la misma. Y nos damos cuanta que conquistamos el sol y la luna, pero seguimos avanzando, buscando. Vemos la sombra, luego fijamos la mirada sobre nuestras narices y nos olvidamos de ella; pero esta y sabemos que nos sigue.

Las flores del mal - Roberto Dri



Uno puede abrir la Escritura y encontrarse con que Dios creó al hombre y la mujer en el Jardín del Edén. Un lugar ciertamente grato a los sentidos, llenos de frutos, en cuyo centro había puesto dos árboles: el de la vida y el de la ciencia del bien y del mal (Gn. 2: 9).

Llenó de dicha a la primigenia pareja y una sola cosa les prohibió: probar los frutos del árbol de la ciencia. Por sugerencia de la serpiente, como sabemos, los prueban y así les va.
Uno puede preguntarse entonces: ¿quién es el tentador? ¿La serpiente o quien puso tan apetitoso manjar al alcance de la mano?
Uno sigue leyendo y se encuentra con la ira que despertó en el Misericordioso la desobediencia: Dice a la mujer: “Multiplicaré los trabajos de tus preñeces. Parirás con dolor los hijos y buscarás con ardor a tu marido que te dominará”. Y dice al hombre: “Por haber escuchado a tu mujer, comiendo del árbol de que te prohibí comer, diciéndote no comas de él: Por ti será maldita la tierra; con trabajo comerás de ella todo el tiempo de tu vida (...)” (Gn. 3: 16 – 17) No deja de asombrar tamaña desproporción. Pocos padres humanos serían tan intolerantes ante una falla filial...
Pero aún más asombra ver que la cólera divina no se aplaca con infligir gran sufrimiento sino que condena a muerte sin contemplaciones a ambos hijos y, no conforme con ello, a toda su descendencia hasta nuestros días: “Díjose Yahvé Dios: “He ahí al hombre hecho como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal; que no vaya ahora a tender su mano al árbol de la vida, y comiendo de él viva para siempre. Y le arrojó Yahvé Dios del jardín de Edén, a labrar la tierra de que había sido tomado.” (Gn. 3: 22 -23)
Puede continuar uno la lectura y dar con el relato del diluvio universal: “Viendo Yahvé cuánto había crecido la maldad del hombre sobre la tierra y que su corazón no tramaba sino aviesos designios todo el día, se arrepintió de haber hecho al hombre en la tierra ... y dijo: “Voy a exterminar al hombre que creé de sobre la haz de la tierra; y con el hombre a los ganados, reptiles y hasta las aves del cielo, pues me pesa de haberlos hecho” (Gn 6: 5 – 7) “dijo Dios a Noé: “El fin de toda carne ha llegado a mi presencia, pues está llena la tierra de violencia a causa de los hombres, y voy a exterminarlos de la tierra.” (Gn. 7: 13)
Uno piensa que un hombre que, en un rapto de sadismo, ahogara en el río unos perros, ovejas, caballos o gallinas, sería duramente reprobado por la comunidad, tal vez preso y en ningún momento justificado. Cualquiera se estremecería ante esa violencia gratuita y vil. Sin embargo, Dios creador, indignado por la “violencia” de los hombres – vaya uno a saber qué hacían – no sólo aniquila a toda la humanidad excepto a la familia de Noé, sino también a todos los animales del planeta, ahogándolos sin excepción... Uno se pregunta qué mérito tenían los peces y cetáceos del mar para sobrevivir que no tuvieron las jirafas, los caballos, palomas, dromedarios, lémures y loros habladores... y también se pregunta: ¿si eso no es violencia, la violencia dónde está? Y los demás hombres y mujeres que fueron ahogados en todo el planeta, ¿no tenían niños? Pues también se los ahogó. Uno se pregunta si puede imaginarse genocidio mayor. Los mayores que conocemos parecen un noviciado de carmelitas a su lado.
Y así nomás parece haber sido: “Pereció toda carne que se arrastra sobre la tierra: las aves, las bestias, los vivientes todos que pululan sobre la tierra y todos los hombres. Todo cuanto tenía hálito de vida en sus narices y todo lo que había sobre la tierra seca murió” (Gn. 7: 21 – 22)
Si continúa uno la lectura, halla la historia de las pecadoras ciudades de Sodoma y Gomorra...
Sus moradores parece ser llevaban vidas escasamente virtuosas, aunque esto depende del punto de vista de qué dios se tome: Dionysos no hubiera acordado en este punto. Entonces el Absolutamente Justo no se anduvo con vueltas: “... e hizo Yahvé llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego de Yahvé, desde el cielo. Destruyó estas ciudades y toda la hoya, y cuantos hombres había en ella y hasta las plantas de la tierra.” (Gn. 19: 24 – 25)
Como sabemos, todas las ciudades de la historia – excepto algunas europeas contemporáneas – siempre han tenido más niños que adultos, sobre todo en la antigüedad. Si Sodoma y Gomorra no hubieran tenido niños y bebés, este fenómeno habría sido registrado por absolutamente inusual. Sin embargo nada se menciona al respecto. De modo que en ambas ciudades murieron quemados vivos, seguramente, muchísimos infantes, al igual que los perros, gatos, gallinas, chivos, caballos y demás seres que habitaban toda ciudad. Notable forma en que la Suma Bondad remedia los excesos de las vidas desordenadas.
Pero en ese dantesco escenario no todos fueron escaldados: se salvaron los virtuosos Lot, su mujer y sus dos hijas. Sin embargo, la mujer de Lot osó desobedecer la orden divina de no mirar hacia atrás y, sin mayores trámites, fue castigado el terrible pecado de su curiosidad y desobediencia siendo convertida en un bloque de sal (Gn. 19 : 26). El texto no menciona en absoluto que Lot diera muestra alguna de pesar por el asesinato de su esposa, y sí relata como luego sus dos hijas lo emborracharon para acostarse con él, lo que hace que uno se pregunte por qué ellos merecían la salvación y no los infantes y demás seres vivos de Sodoma: curiosos son los criterios morales del Altísimo.

En el otro extremo de la Escritura, uno puede leer: “El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.” (1 Jn. 4: 8).

Bueno, se pregunta entonces uno: si esto es amor lo que será lo contrario!... Entonces uno empieza a entender a Baudelaire cuando escribe:

Padre adoptivo de estos que en su negra cólera del Paraíso terrestre ha desterrado Dios Padre, Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!

¿Salimos alguna vez del Estado de Naturaleza? Javier Lencinas


En el siguiente artículo analizo -en la medida que el espacio lo permite- el texto de uno de los fundadores del contractualismo moderno como fue el filósofo ingles John Locke, y una de sus principales obras referidas al tema mencionado como es el “Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil”. Tratando de reflexionar sobre la base de un acontecimiento concreto, en esta ocasión, la (posible) justificación -tanto a favor como en contra- que puede hacerse de la guerra (en sentido amplio, es decir, todas las guerras que emprende particularmente Estados Unidos y los países que persiguen similares, sobre todo, intereses económicos) de parte de las potencias mundiales.
Para tal cometido utilizo los capítulos dos y tres “Del estado de naturaleza” y “Del estado de guerra” respectivamente, del mencionado tratado. Lo que Locke sostiene es que los hombres que se encuentran en estado de naturaleza, que es un estado de libertad e igualdad por lo que cada uno ordena sus acciones y dispone de sus posesiones como considere oportuno; mas la libertad no es absoluta, sino que se da dentro de los límites de la ley de naturaleza, es decir, la razón, que es la fuente que obliga y gobierna a todos. Siendo todos los hombres iguales e independientes, nadie puede dañar a otro en lo que concierne a la vida, la salud, la libertad o posesiones. Entonces al decir de Locke, el estado de naturaleza “... es un estado de paz, buena voluntad, asistencia mutua y conservación,... es aquél en el que los hombres viven juntos conforme a la razón, sin un poder terrenal, común y superior a todos, con autoridad para juzgarlos.”
[1] (De ser el estado de naturaleza como lo presenta nuestro autor ¿para qué salir de tal estado de naturaleza, si de ser así es casi un paraíso?)
Pero no todo es lindo y bueno ya que también se puede dar un estado de guerra, que es un estado de violencia, enemistad, malignidad y mutua devastación, de un individuo sobre otro utilizando la fuerza y la agresión, pues no hay un poder superior y común que sea terrenal al cual se pueda recurrir. Lo que se traduce en la falta de oportunidad de apelar, y es esto lo que le da al hombre el derecho de hacer la guerra a quien lo ha agredido, incluso aunque éste viva en sociedad y sea un conciudadano, o sea que comparten el mismo estado y por ende las mismas obligaciones.
Pero si bien en la actualidad la razón no ocupa el centro de la escena en el discurso neoliberal sino la libertad y la supuesta independencia, como así también la vida, la salud, pero fundamentalmente la propiedad privada.
La obra reza que, a través de lo que dicta la razón (los hombres somos absolutamente racionales, parece ¿no?), cada uno se ve obligado a preservarse a sí mismo como al resto de la humanidad en la medida en que le sea posible, pues la ley de naturaleza -la razón- es igual en todos, por lo tanto, todos tienen los medios para poner en práctica esa ley, que mira por la paz y la preservación de toda la humanidad.
Con similares argumentos, es decir, por la preservación de la humanidad y de la paz, en nombre de la libertad y la democracia se autoproclaman los Estados neoliberales con el derecho y la obligación a invadir y someter a todos los pueblos que presuntamente están obstaculizando y atentando contra los medios necesarios para defender la libertad, la salud, los miembros o los bienes de un pueblo. Para que el criminal, que se encuentra en contra de tales valores, repare el daño hecho y que renuncie en su ofensa; pues al transgredir la ley de naturaleza quien realiza la ofensa, se guía por reglas diferentes de las que mandan la razón y la equidad común. Las cuales son las normas que Dios ha establecido para regular las acciones de los hombres en beneficio de su seguridad mutua. De modo tal que “El problema surge a partir de la existencia de individuos incapaces de comportarse de acuerdo con los preceptos de la naturaleza, lo que los transforma en sujetos irracionales, revoltosos y pendencieros.”
[2]
De tal manera los hombres se encuentran en estado de guerra, ya que no se guían por las normas de la ley común de la razón, y no tienen otra regla que la de la fuerza y la violencia, de modo tal que pueden ser tratados como bestias, criaturas peligrosas y dañinas que destruyen a todo aquel que cae en su poder; lo cual es señal de que quiere atentar contra la vida, la salud, etc., etc.,.. Pues Locke asevera que “... nadie desearía tenerme bajo su poder absoluto, si no fuera para obligarme a hacer cosas que van contra mi voluntad... para hacer de mi un esclavo. Estar libre de esa coacción es lo único que puede asegurar mi conservación...”
[3]
Así los transgresores son un peligro para la humanidad, ya que aquello que impedía la violencia de unos contra otros, la razón y, la libertad y la democracia, según los modernos y los neoliberales respectivamente, han sido quebrantados. Por lo tanto al constituir una transgresión contra la especie, contra la paz y la seguridad que garantiza, permite que cada hombre-Estado pueda destruir a aquellos que sean nocivos. Por lo tanto quien ha sufrido el daño tiene el derecho de exigir una reparación. El hombre-Estado dañado tiene el poder de apropiarse de los bienes o del servicio del ofensor, según lo denomina Locke es el derecho de autoconservación, en virtud de su derecho de conservar a toda la humanidad y hacer lo que estime razonable para alcanzar ese propósito, motivo por el cual los estados más poderosos se arrogan el derecho y deber de invadir e imponer su hegemonía, y extraen todos los recursos de los pueblos sometidos.
Pero sostiene Locke que “... cuando alguien hace uso de la fuerza para ponerme bajo su poder, ese alguien,... no logrará convencerme de que una vez que me ha quitado la libertad, no me quitará también todo lo demás cuando me tenga en su poder.”
[4] Mas suponiendo el derecho de autoconservación está permitido matarlo si es posible o necesario, ya que es el riesgo al que se expone con justicia quien introduce un estado de guerra y es en ella el agresor. Por lo que con el mismo argumento se puede sostener la resistencia de cualquier otro estado que se encuentre en una situación similar, sea su estado de democracia liberal o no. Pues donde no hay lugar a apelaciones por falta de leyes positivas y de jueces autorizados ante quienes poder apelar, el estado de guerra continua una vez que empieza. De modo que haría falta una espacie de Corte Internacional, según sigamos el pensamiento liberal; y actualmente el pensamiento neoliberal, idea impulsada alguna vez por un ex mandatario argentino como es el señor Carlos Menem en nuestro país.
Mas será mejor volver al texto, por lo que es conveniente escuchar a Locke cuando sostiene que en estado de naturaleza como el descrito, al menos en el mencionado capítulo, nunca faltaron en el mundo, ni faltarán hombres que se hallen en tal estado, es decir, hubo, hay y habrá. Pues no todo pacto pone fin al estado de naturaleza, sino solamente los hace establecer un acuerdo mutuo de formar una comunidad y formar un cuerpo político.
Sin embargo cabe la posibilidad, siempre latente, de que un individuo sea irracional, entonces es difícil imaginar otro estado que no sea el de guerra, ya que siempre se hace uso de la violencia o se comente una ofensa, aunque al decir lockeano estos delitos sean cometidos por las manos de quienes han sido nombrados para administras justicia, seguiría siendo violencia e improperio, por mucho que se proclamen con otros nombres ilustres o con pretensiones o apariencia de leyes. De manera que esta permitida, incluso como derecho, según lo sostiene el autor de la obra antes mencionada, la resistencia y rebelión contra aquel o aquellos que ejercen violencia.
Aunque Locke sostenga el derecho a la resistencia y la rebelión, no es ingenuo ya que afirma que en última instancia cuando los que sufren la violencia por parte de otros no tienen el recurso de apelar en la tierra a alguien que les dé la razón, el único remedio, el único consuelo que les queda en casos de este tipo es apelar a los cielos “Cuando no hay un juez sobre la tierra, la apelación se dirige al Dios que está en los Cielos.”
[5] Argumento que sostiene (causalmente) la mayoría de las religiones por un lado, y por otro es la sentencia por la cual es conveniente conformar un Estado de Sociedad, según Locke, para que exista un poder terrenal y quede eliminado el estado de guerra y las controversias sean decididas por el poder del estado. El problema es que también el estado puede (y de hecho lo hacen muchos estados, incluso los estados liberales, tanto contra su pueblo como contra otros estados; un claro ejemplo es Estados Unidos y los países más poderosos) ejercen violencia, y siguiendo a Locke podemos y tenemos el derecho de resistirnos y rebelarnos en contra de tales estados.


[1] Locke, J. Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil. Trad. Mellizo, C., Barcelona, Altaya, 1998. p 48.
[2] Vega, Guillermo. El estado de naturaleza en John Locke. Fundamentos y posibilidades de la libertad. (inedito)
[3] Locke, J. op. cit. p 47.
[4]Locke, J. op. cit. p48.
[5]Locke, J. op. cit. p51.