Sr. Director de
Me importa un pito que la poesía exhiba una retórica cosmética o un packaging cuaternario; sinestesias inflamables o pasadas por agua. Le doy una importancia igual a cero al hecho de que amanezca untada en vaselina o con mermelada diet. Soy perfectamente capaz de soportarle una comparación que obtendría el primer puesto en un concurso de
Ésta fue –y no otra- la razón de que me enamorase tan locamente de Oliverio.
¿Qué me importaban sus apotegmas de vizcacha o europeados neologismos? ¿Qué me importaban su obstinación aerodinámica y su bucólica de cabotaje?
¡Oliverio era una verdadera lacra! Su única actitud de cortesía, consistía en levantar una pollera.
Desde el amanecer violaba, desde Darío a Lugones. Ruborizado de no poder ruborizarse, violaba el romanticismo, el modernismo, las costumbres. Violando realizaba sus compras, sus quehaceres. Violando engendraba Orozcos, Pellegrinis y Molinas. ¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, violándose, de algún paseo con sus predadores!
Allá lejos, perdido entre los vírgenes, un poeta sulfuroso. ¡Oliverio, Oliverio!... y a los segundos ya los tenía en su cuarto, y ante la mirada de terceros, los penetraba con hipérboles fruisivas e imprecaciones lujuriosas, para después mandarlos, violados a cualquier arte.
Durante páginas de gentileza genitaba un atropello que nos agolpaba el clémiso; durante obras enteras nos violentaba las costumbres, los pruritos y los llantos.
Mi lu, mi lubidulio, mi golocidalove. ¡Qué delicia la cocinar un poeta polimorfo aunque, de cuando en cuando, nos haga ver como lumías! ¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre los ebrios lechos légamos telúricos para pasar la digestión de un solo vuelo!
¿Puede brindarnos alguna clase de atractivos un soneto de Lope después de cocinar a un escritor violante? ¿No es verdad que no hay ninguna diferencia sustancial entre coger todos los viernes con tu esposa y leerte alguna copla dominguera?
Yo, por lo menos, Sr. Director, soy incapaz de comprender la seducción de un manjar que no emponzoña, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que se pueda imaginar más que violando.
Por todo lo expuesto, hago llegar a Ud. esta humilde y formal renuncia a este prestigioso espacio gastronómico. Le ruego sepa disculpar.
Mario Caparra
Girondo a la Zalazar
o 20 poemas para ser comidos en el tranvía.
Ingredientes: ½ eyaculación de levadura vasca, una docena de dientitos leoninos, 1 cerebro cosmopolita con 8 neuronas de vanguardia europea, abundantes y caras caricias,
Comience por verter divertidamente ½ eyaculación vasca en una cratera del mismo origen, luego, como si de dados se tratase, en cubiletes que festejan el azar, agite locamente hasta ver que a la masa le broten 12 dientecitos leoninos. A la voracidad de esa boca lúdica acérquele el cerebro cosmopolita, dele las abundantes y caras caricias en la cara. Luego aléjelo del fuego porteño (es preferente macerarlo en Europa unos cuantitos años) y críelo hasta que en los ojos le brillen la alegre angustia y el deseo insaciable de volar.
Busque que el ser no le crezca tan Derecho, para esto será necesario moldearlo sobre
Después, si desea, trepánele el cerebro en un accidente y disfrute su plato alunizado o alucinado.
Tony Zalazar
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